Isabel León nos ha entrevistado a Joan Tarrida (editor de Galaxia Gutenberg), Enya Díaz (librera y dueña de Libreramente, en Barakaldo) y a mí para «A Vivir que son dos días-Euskadi». Hablamos del valor de la palabra literaria en estos días de tanta zozobra, de nuestra aproximación vital y profesional a la literatura como editor, librera y escritora y hacemos algunas recomendaciones.
El sistema en el que vivimos está diseñado para matar nuestra amabilidad. Al final va a ser verdad que ser amable va a ser un gesto revolucionario. Aquí algunas reflexiones.
La novela Una belleza terrible que escribimos José Ovejero y yo y que publicamos en marzo de 2025 ha sido seleccionada como finalista para los Premios Cálamo. El simple hecho de estar nominadas nos hace mucha ilusión ya que es un premio prestigioso que otorga la Librería Cálamo, referente nacional e internacional en el mundo del libro. Es un premio sin dotación pero tiene un gran valor por el reconocimiento literario que supone ganarlo.
La obra ganadora se elige por votación popular. Si leíste Una belleza terrible y te apetece apoyar su candidatura, puedes votar aquí:
Estos días se está volviendo a hablar mucho de la película «La voz de Hind». Entiendo las reacciones emotivas ante esta historia tan terrible, pero tengo mis reticencias sobre las formas de representación. Aquí intenté explicarlo.
A veces no es fácil habitar este mundo en el que la crueldad —esa forma de violencia que pretende humillar y degradar a la víctima— es ejercida tanto por los poderes más altos como por hombrecitos que se esconden detrás de un pseudónimo en una red social. Aquí unas reflexiones sobre la normalización de la crueldad y las posibles formas de resistencia. Acompañada, como siempre, por la ilustración de Bea Crespo.
Hace más de un mes la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas publicó el informe en el concluía que Israel estaba cometiendo un genocidio. Escribí este artículo que hoy, a pesar de la supuesta paz, sigue teniendo por desgracia la misma vigencia. Es genocidio y todos lo saben.
Un artículo sobre mujeres que resistieron contra el patriarcado en su encarnación más radical, el fascismo, mucho más de lo que se ha reconocido en el relato histórico. Inspirado en el libro editado por https://bsky.app/profile/librefeminista.bsky.social y que contiene la reedición de Desde la noche y la niebla de Juana Doña y Vencidas, vencedoras, compilación de textos de mujeres antifascistas.
Si quiere acercarse a entender el sufrimiento de un niño o una niña durante una guerra, una ocupación o una persecución por parte de un estado genocida, lea “Últimos testigos. Los niños de la Segunda Guerra Mundial”, de Svetlana Alexiévich. Transcribo parcialmente las dos citas que abren este libro. La primera: “Entre 1941 y 1945, durante la Gran Guerra Patria, murieron millones de niños soviéticos: rusos, bielorrusos, ucranianos judíos, tártaros, letones, gitanos…” (Revista mensual. “Druzhba naródov”, 1985). La segunda…
Te miro y pareces de otra época. Y, sin embargo, eres plenamente de la mía. Tus piernas como brazos, brazos cuyo contorno entraría, holgadamente, en la circunferencia que formaría uniendo mi dedo índice con mi dedo pulgar si estuviera cerca de ti para extender mi mano y tocarte. Tus piernas dobladas de tal manera que pareces un anfibio, como si tu carne y tus huesos, tus músculos y tendones tuvieran una extraña consistencia, como si tu piel hubiera envejecido antes de que tu madre te pariera. Pero qué más da la apariencia de tus piernas si nunca vas a conseguir ponerte en pie. No te sostendrán ni piernas ni glúteos ni caderas que de tan subdesarrolladas se pierden dentro de un pañal de desempeño inútil: lo poco que salga de tu cuerpo se escurrirá entre tus piernas de anfibio evidenciando que a nadie se le ha ocurrido diseñar un pañal para una devastación como la tuya. Tampoco te sostendrá tu columna vertebral, breve cordillera en la que podría trazar sin necesidad de radiografía cada pico y cada valle. Podría contar tus veinticuatro costillas con mis dedos, recorrer tu caja torácica, palpar tu esternón; entre tu estructura ósea y mis manos solo una fina capa de piel a punto de rasgarse. Seguir leyendo.
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