A veces no es fácil habitar este mundo en el que la crueldad —esa forma de violencia que pretende humillar y degradar a la víctima— es ejercida tanto por los poderes más altos como por hombrecitos que se esconden detrás de un pseudónimo en una red social. Aquí unas reflexiones sobre la normalización de la crueldad y las posibles formas de resistencia. Acompañada, como siempre, por la ilustración de Bea Crespo.
Hace más de un mes la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas publicó el informe en el concluía que Israel estaba cometiendo un genocidio. Escribí este artículo que hoy, a pesar de la supuesta paz, sigue teniendo por desgracia la misma vigencia. Es genocidio y todos lo saben.
Un artículo sobre mujeres que resistieron contra el patriarcado en su encarnación más radical, el fascismo, mucho más de lo que se ha reconocido en el relato histórico. Inspirado en el libro editado por https://bsky.app/profile/librefeminista.bsky.social y que contiene la reedición de Desde la noche y la niebla de Juana Doña y Vencidas, vencedoras, compilación de textos de mujeres antifascistas.
Si quiere acercarse a entender el sufrimiento de un niño o una niña durante una guerra, una ocupación o una persecución por parte de un estado genocida, lea “Últimos testigos. Los niños de la Segunda Guerra Mundial”, de Svetlana Alexiévich. Transcribo parcialmente las dos citas que abren este libro. La primera: “Entre 1941 y 1945, durante la Gran Guerra Patria, murieron millones de niños soviéticos: rusos, bielorrusos, ucranianos judíos, tártaros, letones, gitanos…” (Revista mensual. “Druzhba naródov”, 1985). La segunda…
Te miro y pareces de otra época. Y, sin embargo, eres plenamente de la mía. Tus piernas como brazos, brazos cuyo contorno entraría, holgadamente, en la circunferencia que formaría uniendo mi dedo índice con mi dedo pulgar si estuviera cerca de ti para extender mi mano y tocarte. Tus piernas dobladas de tal manera que pareces un anfibio, como si tu carne y tus huesos, tus músculos y tendones tuvieran una extraña consistencia, como si tu piel hubiera envejecido antes de que tu madre te pariera. Pero qué más da la apariencia de tus piernas si nunca vas a conseguir ponerte en pie. No te sostendrán ni piernas ni glúteos ni caderas que de tan subdesarrolladas se pierden dentro de un pañal de desempeño inútil: lo poco que salga de tu cuerpo se escurrirá entre tus piernas de anfibio evidenciando que a nadie se le ha ocurrido diseñar un pañal para una devastación como la tuya. Tampoco te sostendrá tu columna vertebral, breve cordillera en la que podría trazar sin necesidad de radiografía cada pico y cada valle. Podría contar tus veinticuatro costillas con mis dedos, recorrer tu caja torácica, palpar tu esternón; entre tu estructura ósea y mis manos solo una fina capa de piel a punto de rasgarse. Seguir leyendo.
Últimamente algunas personas que siguen este blog me han dicho que echan de menos recibir noticias y publicaciones. A partir de ahora, una vez por semana, voy a rescatar textos o comentarios que hasta ahora no he compartido por aquí. Espero que os interesen. El primero, esta reflexión sobre el genocidio que está cometiendo el Estado de Israel, inspirada en palabras de Primo Levi.
Dejo aquí en enlace a una serie de documentales realizados por Maite Ibáñez para la televisión pública vasca con la colaboración de Gogora, Instituto para la Memoria y los Derechos Humanos del Gobierno Vasco. Merece mucho la pena ver todos los documentales que tratan desde la memoria de las represaliadas por el franquismo hasta el terrorismo de persecución de ETA. El 9 de diciembre de 2024 se emitió un capítulo dedicado a la escritura y el compromiso, en el que tuve el gusto y la suerte de participar, junto con Bernardo Atxaga, Kirmen Uribe, Miren Agur Meabe y Arantxa Urretabizkaia entre otros.
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