Estamos en el borde

24 horas – La vida imaginada: “Estamos en el borde”

“La vida imaginada” de Edurne Portela llega hoy de la mano de un libro lleno de ternura y amor hacia todos los seres vivos que habitan el planeta. Caroline LamarcheEstamos en el borde, de la editorial Tránsito, y traducido por Raquel Vicedo.

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Niños que no sonríen en las fotos

La cubierta de la nueva novela de Alfons Cervera, Claudio, mira (Piel de Zapa), es una fotografía con dos niños, de cinco o seis años, subidos a un caballito de cartón. No miran directamente al objetivo, sino a alguien que está al lado del fotógrafo. Es una foto en blanco y negro; los niños tienen un parecido familiar, posiblemente hermanos; visten la misma ropa, aunque el jersey de uno de ellos ha sido coloreado de rojo. Los niños se deberían reír, al fin y al cabo la foto está tomada posiblemente un día de fiesta en el pueblo y montan juntos el caballito de cartón. Uno sujeta las riendas, que son un pañuelo; el otro, detrás, tiene las manos en los bolsillos. No hay peligro en este caballito de cartón, así que no están serios porque tengan miedo. Igual es que, simplemente, son niños serios. O que su miedo es permanente y ese caballito de cartón no es capaz de sacudírselo. El motivo de su seriedad, esa mirada que transmite vulnerabilidad y tristeza, no está presente, pero lo intuimos, como intuimos la presencia de la persona a quien miran. Seguir leyendo

La normalización de la desvergüenza

Esta semana, mientras leía el ensayo Cómo perder un país, de la periodista turca Ece Temelkuran (Anagrama, 2019), me enteré de la muerte de George Steiner. Inmediatamente empecé a hacer conexiones entre el libro de Temelkuran, sobre “los siete pasos de la democracia a la dictadura”, y algunos de los ensayos de Steiner sobre lenguaje y política y, en especial, el papel del lenguaje en la conformación del imaginario nazi (muchos de ellos recogidos originalmente en 1967 en el volumen Lenguaje y silencio, Gedisa, 2013). Seguir leyendo

Y yo con estos pelos

Espero que esta reflexión no sea demasiado frívola o narcisista. Si así les parece, me disculpan el paréntesis. Les prometo que la próxima semana volveré a ser sesuda. Estos días he estado reflexionando sobre los cánones de belleza patriarcales, su imposición en nuestra consciencia del cuerpo y mis propias incoherencias en el tratamiento de mi apariencia física. Me considero privilegiada porque nunca he sentido discriminación debido a mi físico. Soy y he sido una mujer de un aspecto más o menos “normativo”: más o menos delgada (a veces menos, a veces más), con unas facciones bastante armónicas (aunque siempre he estado acomplejada por mis dientes de conejo) y un pelo agradecido y domesticable. A pesar de que mi aspecto físico nunca me ha dado problemas, siempre he cuidado con disciplina férrea no salirme de la normatividad. Seguir leyendo

Elige tu propio final

Hace unos días @Koldo_CF, un padre preocupado por la educación de su hija, compartió conmigo en Twitter una página de un libro de texto de ciencias sociales de sexto de primaria de la Comunidad de Madrid. La página es una explicación sobre cómo Picasso gesta el Guernica: el Gobierno de la República le pide al artista que haga un cuadro que refleje la “difícil situación” de España y justo entonces “se produjo un bombardeo”. Aquí no ha habido una sublevación militar, no hay fascistas ni nazis, el Ejército de Franco no tiene el apoyo de las fuerzas del eje alemán. Aquí las ciudades se bombardean en modo impersonal y el caballo desbocado del Guernica bien pudiera ser un unicornio. Seguir leyendo

Peso ancestral

Cuando vi las imágenes de Pablo Iglesias llorando en el Congreso y leí los muchos comentarios despectivos a cuenta de su virilidad, recordé a Alfonsina Storni y un ejercicio que hacía con mis estudiantes de literatura hispanoamericana. Contraponía con ellos dos poemas de la poeta argentina: “Peso ancestral” y “Pudiera ser”. Los dos poemas tratan sobre el dolor que se transmite entre generaciones, de su expresión a través del llanto o su represión a través del silencio. En el primero, la transmisión es masculina y la voz poética se dirige a un hombre: “Tú me dijiste: no lloró mi padre; / tú me dijiste: no lloró mi abuelo / no han llorado los hombres de mi raza, / eran de acero”. En el segundo, la transmisión es femenina, la voz poética habla de su experiencia y la de las mujeres de su genealogía: “Dicen que silenciosas las mujeres han sido / de mi casa materna…”. Seguir leyendo