Ángeles de la revolución

Hubo un tiempo, allá por las primeras décadas del siglo XX, en el que se pensó que el arte podía transformar no sólo la percepción del mundo, sino la realidad en sí misma, y que los artistas, desde los acróbatas de circo a los novelistas, debían poner su talento al servicio de esa transformación. Seguir leyendo

Todas las cosas rotas

Leyendo la novela Fractura, de Andrés Neuman, encuentro una metáfora maravillosa. “Todas las cosas rotas (…) tienen algo en común. Una grieta las une a su pasado”, dice el narrador, y procede a explicar la técnica japonesa del kintsugi: “Cuando una cerámica se rompe, los artesanos del kintsugi insertan polvo de oro en cada grieta, subrayando la parte por donde se quebró. Las fracturas y su reparación quedan expuestas en vez de ocultas, y pasan a ocupar un lugar central en la historia del objeto. Poner de manifiesto esa memoria lo ennoblece. Aquello que ha sufrido daños y sobrevivido puede considerarse entonces más valioso, más bello”.

El kintsugi como metáfora que nos permite hablar del trauma (la quiebra de un objeto, pero también podría aplicarse a un sujeto, a una sociedad), de las posibilidades de su reparación, y, en definitiva, de la cicatriz como cura y memoria indeleble de la misma fractura que la provoca. Seguir leyendo

Derecho al dolor

Después de perder a su hija Sophie en 1920, Sigmund Freud matizó su teoría sobre el trabajo de duelo. Hasta el momento había sido inflexible en la diferenciación entre duelo y melancolía: el primero, forma “sana” de afrontar una pérdida; la segunda, declive patológico, resistencia a asumir esa pérdida y sustituir el objeto deseado por uno nuevo. En una carta a su amigo y colega Ludwig Binswanger, quien acababa también de perder a un hijo, Freud escribe: “Se sabe que el duelo agudo (…) hallará un final, pero que uno permanecerá inconsolable, sin hallar jamás un sustituto. Todo lo que tome ese lugar, aun ocupándolo enteramente, seguirá siendo siempre algo distinto. Es así, es la única forma de continuar con el amor que no se quiere abandonar”.

A veces, por amor, ni queremos ni podemos superar el dolor por la pérdida de un ser querido. A veces necesitamos encontrar un refugio donde cobijar ese dolor y protegerlo, darle el espacio que necesita. Seguir leyendo

¿Maltratador yo?

Comienzo a escribir esta columna pocas horas después de que se haya descubierto el cuerpo sin vida de Laura Luelmo, con todos los indicios de muerte violenta que se van confirmando durante las 48 horas en las que vuelvo a este texto, incapaz de sacudir la rabia. No sólo por el asesinato brutal de Laura, esa chica que con las horas y según se publica más información se va constituyendo en mi imaginación como una mujer de carne y hueso, con su inteligencia, sus ilusiones, su militancia feminista. Seguir leyendo

Llámenlo feminicidio

Escribo sobre qué ocultan los grandes medios cuando llaman “asesinato en serie” a lo que realmente es feminicidio. 90 mujeres asesinadas por el mismo hombre lo es.

Hace unos días leí en The New York Times que Samuel Little, un hombre de 78 años condenado a una triple cadena perpetua por el asesinato de tres mujeres en Los Ángeles durante los años ochenta, ha comenzado a confesar otros crímenes cometidos durante casi 50 años. Suman 90. Todas sus víctimas fueron mujeres: drogadictas, prostitutas, mujeres sin techo, mujeres vulnerables que recogía en la calle, en bares y clubes y que acababan estranguladas en la parte trasera de su coche. La mayoría de ellas mujeres negras e hispanas. ¿Cómo es que la policía o el FBI nunca relacionaron otros crímenes similares con los tres por los que Little estaba cumpliendo condena? Lo que parece incompetencia (que igual también lo es) responde en realidad a la lógica del sistema: las agencias de seguridad destinan menos fondos a investigar desapariciones y crímenes de mujeres vulnerables como las víctimas de Little. Leo más artículos de la prensa estadounidense sobre el tema. La mayoría remite a otros asesinos que, como él, buscan a las más vulnerables, a aquellas que posiblemente nadie va a reclamar si desaparecen. Gary Leon Ridgway compite, aunque se queda rezagado, con la brutalidad de Little: en 2003 fue condenado por estrangular a 48 mujeres.

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Obsolescencia programada

Mi ordenador portátil me sorprendió con un cambio radical el día de las elecciones andaluzas. Su batería, que aguantaba operativa seis horas seguidas, ese día me dejó tirada después de apenas tres. Pronto tendré que reemplazarla o comprar un ordenador nuevo. La obsolescencia programada es la estratagema tecnológica por la cual las empresas obligan a los consumidores a deshacerse de sus cacharros después del tiempo que a esas empresas les da la gana, con lo que el consumidor pierde la libertad de elegir cuándo cambiar de modelo. Tras conocerse los resultados fatídicos de las elecciones andaluzas, me dio por pensar que la ultraderecha es el chip corruptor que se insertó en ese nuevo producto que era la democracia española hace 40 años. Seguir leyendo

Hombre blanco hablar con lengua de serpiente

Esta semana el ministro de Asuntos Exteriores nos ha dado una gran lección de política e historia. EE UU tiene un mayor nivel de integración política por dos motivos: “Porque tienen el mismo idioma todos y porque tienen muy poca historia detrás. Nacieron a la independencia prácticamente sin historia, lo único que habían hecho era matar a cuatro indios”. Tras esta muestra de análisis profundo de la realidad estadounidense y sentido ético de la historia, al señor Borrell le llovieron unas cuantas críticas. La principal, obviamente, ha sido la banalización del genocidio de los pueblos indígenas, pero estas afirmaciones esconden mucho más. Seguir leyendo