A por todas

Todavía resuenan en mis oídos los gritos de los seguidores de Vox en la noche del 10-N: “¡A por ellos!”. ¿A por ellos? ¿Quiénes son “ellos”? La respuesta la ha ido dando el propio partido desde su nacimiento: feministas, personas LGTBI y racializadas, nacionalistas e independentistas, rojos de todos los matices… ¡hasta los defensores del “régimen de 1978”! La lista sería larguísima, repleta de colectivos diversos, de millones de personas que no han votado a su partido. El mensaje nos llegó muy claro, a algunas más que a otras. Seguir leyendo

Destino: fascismo

Hace unos meses leí El pasajero, de Ulrich Alexander Boschwitz (Sexto Piso; traducción de José Aníbal Campos), un libro que me impactó y me causó una profunda tristeza. Estos días en los que el fascismo se normaliza en el debate político y los medios de comunicación, he revisitado sus páginas que, ahora entiendo, podrían servir de antídoto contra la indiferencia y la complicidad. Boschwitz escribió El pasajero con urgencia, en apenas unas semanas, tras ser testigo de los pogromos de noviembre de 1938 contra los judíos alemanes, comunidad a la que él pertenecía. Seguir leyendo

Una de parásitos

Viví casi 18 años en Estados Unidos, 5 de los cuales tuve una mala racha de salud debido en parte a un accidente de coche, en parte a una enfermedad generada por mi propio cuerpo. Los médicos tardaron tiempo en diagnosticarme y dar con el tratamiento adecuado para los dos problemas médicos. No podría enumerar la cantidad de pruebas, consultas y sesiones de fisioterapia a las que asistí. El coste de todos los tratamientos fue astronómico, pero yo trabajaba en una universidad y estaba asegurada. Seguir leyendo

Eco, eco

Crecí en los años más duros de eso que algunos llaman “conflicto vasco” y que muchos vascos todavía no sabemos muy bien cómo llamar. Eran los años ochenta y noventa del siglo XX y yo vivía en uno de esos pueblos feos, sucios y superpoblados de la margen izquierda del Nervión, tal vez una de las zonas más conflictivas de aquella España heredera del franquismo. A aquellos años duros algunos los llamaron “los años del plomo”, normalmente refiriéndose a la violencia que venía de ETA y del entorno que la apoyaba y que permeaba nuestro tejido social. Pero el plomo no sólo llegaba de ahí. Había otros tipos de violencia: la que llaman “legítima” y que venía del Estado y sus fuerzas de seguridad y de otra no tan legítima, que venía de sus cloacas. La violencia no acababa ahí, parte del plomo tóxico y pesado que nos asfixiaba emanaba de aquella supuesta “reconversión industrial” que devastó a buena parte de la clase obrera de nuestros pueblos que no se pudo reconvertir en nada. Algunos de ellos, sobre todo los trabajadores de Astilleros Euskalduna, comenzaron una verdadera batalla de meses y la policía nacional, muy ducha ya en los enfrentamientos callejeros, hizo lo propio desde su lado de la trinchera. Seguir leyendo

¿Cómo pude olvidar tu nombre?

Estoy en la antesala del estudio de la cadena SER, a punto de entrar en antena en el Hoy por Hoy con Àngels Barceló. Vamos a dedicar parte del programa a comentar la empatía que padres y madres sienten hacia los profesores de sus hijos. Según una encuesta, no es demasiada. He pasado el fin de semana intercambiando opiniones con profes que conozco de institutos de varias zonas de España. Todos coinciden en que es un tema difícil: a los ataques de la derecha española a la educación pública y sus profesores hay que añadir otros factores sociológicos, que van desde los tópicos negativos sobre los funcionarios a la proliferación de familias desestructuradas por la precariedad o a la sobreprotección de los adolescentes por parte de algunos padres. El panorama ha cambiado mucho en los últimos años y sé que en algún momento del programa hablaremos del pasado, de los profesores que nos han marcado. Llevo días intentando acordarme del nombre de esa profesora de Historia del Arte que tuve en COU y que hizo tanto por mí. Seguir leyendo

El torturador más rápido del Oeste

A finales de septiembre, eldiario.es publicó por primera vez los expedientes oficiales que justifican la entrega de cuatro condecoraciones policiales al policía franquista Antonio González Pacheco, conocido como Billy el Niño y sobre el que penden 36 querellas por tortura. En ese artículo, donde se incluyen los expedientes entregados con abundantes tachaduras en negro, se explica cómo y por qué le fueron concedidas las cuatro medallas por méritos policiales: una no cumplía los requisitos, pero se le otorgó seis días después de que le fuera denegada; dos por actuaciones contra los Grapo, y la última, en 2012, porque la reclamó a la justicia y la justicia se la entregó. Tiene una quinta medalla otorgada por el Ejército.

Billy el Niño me hace pensar inmediatamente en dos cuestiones. Seguir leyendo

Encuentros posibles

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Hace unos años escribí un ensayo sobre la violencia en Euskadi cuyo último capítulo se titulaba Encuentros posibles. En él hablaba de mis conversaciones, sentada a la mesa de una cocina, con una persona que había pertenecido al entorno de ETA y había estado en la cárcel por colaboración. En aquel 2015 en el que finalizaba el ensayo, mencionaba a esa persona y el aprendizaje que supuso para mí conocerla, pero no me atreví a contar su historia que, pensé, debía quedarse en el espacio protegido y de confianza de la cocina de su casa. Creía que todavía no se podían hacer públicas esas conversaciones: “Existen encuentros posibles, pero muchos se dan en la intimidad de nuestras cocinas. Todavía estamos lejos de un cambio imaginativo real a nivel colectivo que nos permita conocer ‘el conflicto’ en sus dimensiones más intricadas, las que tienen que ver con los afectos que nos unen. Y los que nos desunen”. En estos cuatro años han cambiado muchas cosas y lo constato felizmente en ‘Zubiak’ (Los puentes), el primer capítulo de la serie documental ETA, el final del silencio, de Jon Sistiaga y Alfonso Cortés-Cavanillas.

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