El miedo es libre

Publiqué este artículo el 26 de mayo en El correo, como reflexión al atentado de Manchester.

El miedo es libre

La mañana del martes 23 de mayo mi pareja me contó que había soñado que ETA ponía su última bomba en un parque de niños. Yo le preguntaba si había habido muertos. Él me decía que sí, que varios, y que en el sueño sufría y se preguntaba por qué habían decidido hacer algo tan cruel como último atentado, por qué dejar esa memoria como colofón al horror de décadas. Pocos minutos después de que me contara el sueño leíamos en el periódico que esa noche había habido un atentado en Manchester, tras el concierto de Ariana Grande, que había de momento 22 muertos, entre ellos adolescentes y niños. Por desgracia, esta vez no era una pesadilla de la que podíamos despertar.

Atentados como el de Manchester nos conmueven, hacen que sacudamos la cabeza y1495611191_272308_1495637741_sumario_normal pensemos qué puede llevar a un joven de 22 años a saltarse por los aires, arrastrando consigo a 22 seres humanos (una vida por cada año vivido, matemática perversa). Nos horroriza particularmente porque entre las víctimas hay adolescentes, niños, y sabemos que el terrorista suicida lo sabía. De hecho, nos lo podemos imaginar planeando el atentado y alegrándose por el inmenso daño que va a causar, el impacto que va a tener su acción.

Las reacciones de los políticos internacionales no se hicieron esperar: condolencias, condenas del atentado y del ensañamiento de los terroristas contra víctimas inocentes, promesas de persecución y venganza y, cómo no, el impresentable Donald Trump aprovechando la ocasión para acuñar una nueva denominación (“evil loosers”, “perdedores malvados”, ¿cómo se puede ser tan infantil?). Igual es porque mi pareja me había contado su pesadilla, pero este atentado me hizo recordar aquél del cuartel de Vic y esa fotografía terrible en la que un hombre lleva en brazos el cuerpo desmadejado de una niña. Ahí también ETA sabía el daño que iba a causar, el impacto que iba a provocar un atentado contra un cuartel en el que residían mujeres y niños. En ese momento también se habló de locura, de crueldad, de delirio, de maldad sin límites.

Estas reacciones que enfatizan la incomprensión del fenómeno terrorista son naturales. Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad lo piensa: son unos locos, unos degenerados, unos monstruos. Y ese pensamiento que nos paraliza en el hecho violento, que no nos permite ver el contexto en el que se genera, o las posibles motivaciones para el mismo, causa una sensación de vulnerabilidad, de fragilidad, de desamparo porque, al A tow truck operates at the scene where a truck ploughed through a crowd at a Berlin Christmas marketfin y al cabo, nos sitúa ante una realidad que no entendemos más allá del sentimiento, de la reacción inmediata frente a la arbitrariedad del horror.
Un día es un tren en Madrid, otro día una discoteca en París, otro un mercado en Berlín, otro la salida de un concierto en Manchester. El miedo provocado por la imposibilidad de anticipar el golpe brutal es uno de los grandes triunfos del terrorismo.

Reconocer el miedo y saber qué hacer con él es importante en estos días en que los políticos y los medios de comunicación construyen una imagen “comprensible” para el ciudadano medio de ese enemigo que nos aterra. Esa imagen gira en torno a una serie de interpretaciones superficiales del fenómeno que lo reducen a la sinrazón y el fanatismo, obviando que cada uno de esos jóvenes que se inmolan en el nombre de Alá vienen de contextos y realidades complejas y diferenciadas. Si nos conformamos con imaginar al terrorista como la encarnación del Mal, si pensamos que todo esto es producto simplemente de un delirio fanático y extremista incomprensible, entonces caemos en un doble peligro. Primero, aquello que no comprendemos y que asociamos con la arbitrariedad de la locura provoca en nosotros un miedo difícil de gestionar que muchas veces tiene como consecuencia la apelación a la violencia. Lo desconocido asusta, horroriza, acrecienta nuestra concepción de los actores de esa violencia como enemigos que hay que “exterminar”, como diría Trump. Segundo, si nos conformamos con la explicación de la locura o el fanatismo ciego, corremos el riesgo de entender tan poco que al final acabamos creyendo versiones simplistas de la realidad y generalizando sin intentar entender ni profundizar en los problemas que nos rodean. Y la combinación del miedo y la ignorancia nos lleva, irremediablemente, a actitudes intolerantes y xenófobas, al odio, a pensar que todo aquél que comparte orígenes con los terroristas también lo es. Esto se ha visto claramente con la larga crisis de los refugiados, cuando buena pa14849158rte de los países de occidente, animados por los discursos de Trump, Le Pen y compañía, ha cerrado sus puertas esgrimiendo que al ser en su mayoría musulmanes, los refugiados iban a traer la yihad a nuestros países. Hace poco leía Home Boy, una novela de H.M. Naqvi sobre las peripecias de tres jóvenes pakistaníes en Nueva York y el cambio radical que dio su vida tras el 11 de septiembre de 2001: de ser tres chicos viviendo a tope en la gran ciudad, pasaron a ser acusados de terrorismo sólo por sus orígenes y a ser detenidos y torturados en el famoso Centro de Detención Metropolitano de Nueva York.

El terrorismo no sólo afecta a sus víctimas directas, también a la sociedad en el que tiene lugar, que se transforma en virtud de la amenaza y el miedo. Si no intentamos entender (que no justificar) las razones por las que ese terrorismo se produce, si no contextualizamos sus orígenes y a las personas que lo llevan a cabo, si no vamos más allá de la explicación que viene de la tripa (están locos, son unos dementes, unos malvados), caeremos en un miedo irracional y paralizante, sospecharemos de cualquier persona que parezca o sea musulmana, miraremos hacia el Este con inquietud en el mejor de los casos, en el peor con odio. Cuando pasa algo como la masacre de Manchester siempre me pregunto con qué temor saldrá una mujer con velo a pasear por nuestras calles, qué miradas de odio y desprecio recibirá de sus vecinos, a qué humillaciones se tendrá que someter. Pero yo también reconozco (no sin vergüenza) que en más de una ocasión, cuando camino por una zona de mi barrio en el que la mayoría es musulmana, me pregunto si en alguno de esos restaurantes marroquíes no se fraguará el próximo atentado en Madrid.

El miedo es libre, dicen algunos, pero nosotros dejamos de serlo cuando nos dejamos dominar por él.

Cuando la vida deja de serlo: «Europa» de Cristina Cerrada

Comparto con vosotros la reseña que he publicado en La Marea de una novela excelente: Europa de Cristina Cerrada.

“Es una historia que desgarra por lo que muestra y por lo que oculta: la ferocidad de la guerra cuyos horrores solo llegamos a vislumbrar, las vidas marcadas por la violencia ejercida y sufrida y, sobre todo, ese estado de trauma perenne de Heda”.

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Y mañana, 19 de abril, tenemos su presentación en La Central. Os dejo aquí la invitación

Europa - Cristina Cerrada - invitación La Central Callao -19 abr 2017

Cuatro ojos incisivos

Comparto con vosotros hoy esta entrevista que me hicieron Laura Caldito y Jorge Megías, los creadores de Cuatro Ojos Magacín y que salió publicada el pasado viernes 7 de abril. Es una de las mejores entrevistas en profundidad que me han hecho hasta el momento. Laura y Jorge son dos periodistas fabulosos: inteligentes, excelentes lectores, respetuosos con la información. Un lujazo. Os recomiendo que leáis también las entrevistas que, en la misma revista, hicieron a Eduardo Madina y Marta Sanz. Fotos de Javier Paredes.

Edurne Portela: «Estamos educados en el silencio y acabar con eso no va a pasar porque ETA entregue las armas»

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Menos mordazas y más educación

Publiqué este artículo en el Correo el 2 de abril de 2017, en papel. Hoy lo han liberado en la página del periódico. Lo entregué hace algunos días, cuando todavía la sentencia contra Cassandra Vera no había salido. A la lista de violaciones contra la libertad de expresión que menciono, habría que añadir, por supuesto, este caso.

Si te interesa, lo puedes leer aquí

Eskorbuto: Al margen de la margen (izquierda)

Este artículo ha salido publicado en el número 48 de Territorios de El Correo, el 11 de marzo de 2017.

De un tiempo a esta parte se viene debatiendo sobre la Cultura de la Transición, estudiándose manifestaciones culturales que hasta hace poco no habían tenido cabida en el discurso hegemónico que se ha centrado sobre todo en la llamada «movida madrileña». Pensando en mis recuerdos de esos años (nací en Santurce en 1974) y en qué tipo de manifestación cultural marginal se producía por estas tierras, me viene el recuerdo del grupo punk Eskorbuto (igual algún lector o lectora ya estará tarareando «mucha policía, poca diversión» o «no nos quedan más cojones, Eskorbuto a las elecciones«).

La memoria afectiva de la gente de mi generación o que pasó su niñez y adolescencia en la Margen Izquierda del Nervión durante los años 80 tiene poco que ver con los avatares de la movida madrileña, con la ligereza y frivolidad de los leotardos rosas, los pelos cardados y las primeras películas de Almodóvar. De nuestros pueblos devastados por el paro y la altos hornoscontaminación salían fenómenos mucho más ácidos, como Eskorbuto, que se creó en 1980. Eskorbuto estaba formado por tres chavales de Santurce (Josu, Juanma y Paco), hijos de obreros inmigrantes. Con canciones como «Mucha policía, poca diversión» o «Cerebros destruidos«, Eskorbuto puso letra y música al desarraigo, a la rabia, a la impotencia ante un mundo que no les daba ninguna visión esperanzadora ni de sí mismos ni de su futuro. Eskorbuto es la banda sonora de la dureza y la desolación de nuestros pueblos, de la progresiva desindustrialización, de la violencia estructural de la pobreza y la desposesión. Cualquier persona que conozca esta historia y busque en su recuerdo, reconocerá en la canción «Ratas en Bizkaia» nuestro paisaje. La canción parte del famoso «Desde Santurce a Bilbao» para después describir esa nube sucia de Altos Hornos que nos cubrió durante décadas, los excrementos que flotaban en la ría, el olor insoportable que surgía del agua, la lucha por la subsistencia de gran parte de la población de su orilla izquierda (la derecha —la margen derecha, digo— tiene otra historia). Juanma (vocalista principal y bajo) dice en un documental inédito de la ETB que se puede encontrar en youtube: «descendemos de emigrantes, pero tampoco se trata de eso, se trata de dónde nos hemos criado, que es la margen izquierda. Si nos hubiéramos criado en la margen derecha no tendríamos a Eskorbuto, tendríamos un grupo en plan Mecano». Sus canciones criticaban el sistema radicalmente, es decir, atacaban a la raíz del problema: la desigualdad social, la falta de oportunidades de la juventud, la corrupción política.

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Ahora es frecuente meter en el saco del «rock radical vasco» a Eskorbuto, pero ellos nunca quisieron tener nada que ver con esa etiqueta que era, además de comercial, política. «El rock radikal está de moda», dice Josu en una entrevista a El País en 1986 (titulada significativamente «El ‘rock’ es más duro en el Norte»). Y añade: «Muchos grupos se han apuntado a esto, y escucharles da vergüenza ajena. Todos están con Herri Batasuna. A nosotros nos va mal por ser como somos». En más de una ocasión dijeron que el rock no tiene patria, ni siquiera la vasca. Su irreverencia ante el nacionalismo les llevó al punto de afirmar que en Euskadi había fachas, pero nacionalistas. No por nada escribieron una canción como «A la mierda el País Vasco«. Eskorbuto no se casaba con nadie, aunque para muchos, todo hay que decirlo, Eskorbuto no era un buen partido.

eskorbuto1Josu y Juanma murieron en 1992 por enfermedades provocadas por el consumo de heroína. En una entrevista que se puede encontrar también en youtube, Josu habla de su adicción, que empezó con 19 o 20 años. Cuenta que al principio le parecía que era la forma de protestar contra la sociedad, pero que después se dio cuenta del error. Demasiado tarde. Su testimonio es el de toda una generación que sucumbió a la heroína bien como escape al desarraigo o como forma de rebeldía contestataria.

¿Por qué me parece que la historia de Eskorbuto es digna de recordar? ¿Tiene alguna trascendencia en nuestro presente? Eskorbuto representa un tipo de rebeldía que dice mucho de lo que se vivió aquí y en otros lugares deprimidos de la geografía vasca. Eskorbuto fueron marginales entonces y lo siguen siendo ahora, y desde su marginalidad nos enseñan varios de los lados oscuros de nuestra historia. Los profundos problemas sociales y económicos de la margen izquierda crearon para la juventud pocas alternativas. Dos de ellas tuvieron particular fuerza: verter la rabia en un proyecto político que la canalizara, o explorar el nihilismo y la autodestrucción. El fenómeno «martxa eta borroka» donde se inscribió la etiqueta del «rock radical vasco» con grupos como Kortatu o La Polla Récords fue sin duda parte de lo primero: una estrategia de la izquierda abertzale para aglutinar a la juventud rebelde, la misma estrategia que fagocitó al movimiento de insumisión, al feminismo, al ecologismo y otros movimientos contestatarios. Eskorbuto tomó la segunda vía: fueron nuestros nihilistas locales, los que se posicionaron frente a todo y contra todo, los que supieron comunicar, con la más absoluta ferocidad, todo lo que aquí había de sucio: desde los excrementos flotantes de la ría hasta la explotación de los más vulnerables, pasando por esa manipulación política de la juventud que ellos supieron ver tan claramente. Una actitud nada despreciable.

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Clemente Bernad: mirar desde otro lado

Esta entrevista con el fotoperiodista Clemente Bernad es continuación de aquella que aparece en El eco de los disparos. Ha sido publicada en el número 46 de La marea (impreso) y ahora está accesible en su web.

“ETA y la izquierda abertzale han desarrollado una especie de opacidad. Y no hay nada más antiperiodístico que eso, que fotografías hechas en la Audiencia Nacional”, reflexiona en esta entrevista el fotoperiodista Clemente Bernad, autor de la serie ‘Basque Chronicles’. Sigue leyendo

Entrevista en Letras Libres

Comparto hoy esta entrevista con Daniel Gascón en la revista Letras Libres. Forma parte de un número especial, del mes de febrero, titulado «Memoria del Terror». Lo recomiendo.

«El terrorismo de ETA ha marcado la realidad y ha contaminado el lenguaje. También ha tenido un reflejo en la literatura y en el cine. Aramburu y Portela reflexionan sobre las ficciones acerca de ETA.» Sigue leyendo